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05 Jul, Tuesday
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mundo gris

Cada vez me gusta menos salir, sobre todo si hace frío. Meditación, lectura, realidad virtual, comida a domicilio… Las bambalinas de mi existencia están a full de autoconocimiento y bolsas de globo, de sanguinolentos simulacros hedonistas y saludos al sol. Pero de entre todos esos pequeños placeres contidianos, mi favorito es contemplar la gráfica de las cryptos. Puedo pasarme horas mirando esa mierda.

La adicción a Instagram ha sido reemplazada por esta otra… Meto la pasta cuando baja y la saco cuando sube. Tradeo. Tradeo como si fuera un videojuego. ROSE, SYS, SAITAMA… Las gemas son Pokemons que alimento y cuido y holdeo para hacerme rico en cuestión de ¿Semanas? ¿Meses? ¿Años? O eso lo que me vendió una sudorosa banda de anarco-liberales en YouTube. Porque para colección de NFTs, los cripto-youtubers patrios. El 99% de lo que dicen, mentira.

Hazte millonario con MARICOIN, la criptomoneda gay”; “Cómo ganar 200 euros al día en criptomoneda 😱”; “DefPace podría hacer un X100 por este motivo”; son algunos de los titulares que esta nueva raza de traders utiliza para captar la atención de crypto-pardillos de todas las edades. Lo cierto es que ellos tampoco ganan gran cosa: unas cuantas visitas, unos likes… Poco más.

Esa criptomoneda de la que hablaban, DefPace, la que nos iba a hacer millonarios, valía 0.017 dólares cuando Diario Cripto (69.200 subscriptores) publicó el vídeo, inmediatamente después bajó a 0.010, y hoy está en 0.000000004525 dólares. Vamos, que hizo un x100… millones, pero hacia abajo. Y así todo el rato.

Es solo cuestión de tiempo darte cuenta de que entre los youtubers españoles que hablan sobre Cryptocurrency (vamos a traducirlo como “cripto-ocurrencias”) nadie tiene ni puta idea de nada. Y cuántas más exclamaciones, emojis y cara de susto ponen en la miniatura del vídeo, peor.

Son algo así como la digievolución del chaval que se saltaba las clases de la uni para ir a las casas de apuestas cuando había partido de Champions (yo mismo).

Atrás quedaron las psicóticas rayadas del apolíneo Patrick Bateman en American Psycho, su obsesión con Phil Collins y el arte contemporáneo, o los excesos del politoxicómano Jordan Belfort enfundado en un traje de raya diplomática… Aunque se trata de una estética muy reivindicada por esta gente, resulta harto complicado encontrar similitudes no forzadas entre, por ejemplo, @wallstreetwolverine y le verdadero Lobo de Wall Street.

Luces de neones fucsias, posters hentai, shishas y cuadros con frases tipo: “Nunca dejes de soñar”, firmados por Churchill, o Aristóteles, o Fernando Alonso; qué más da: tiburones atemporales.

De todos modos, yo sigo creyendo en el Mercado Cripto como el que cree en Dios, pero desconfía de los predicadores que nos venden el cielo -o the moon– a cambio de cuatro monedas. No tienen malicia, simplemente se equivocan. Ellos son los primeros damnificados de sus (no) recomendaciones de inversión. No hay más que verlos.

 

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